Un techo abovedado de verde esperanza nos protege del sol mientras comenzamos a caminar. El rítmico susurro de la gravilla acompaña los pasos. El olor a asfalto queda atrás casi de inmediato, sustituido por las coníferas, por el dulce perfume de alguna planta que no logro identificar entre la hojarasca. Los pájaros toman el control. El mundo de los coches desaparece.
Los cinco sentidos entran en otro mundo.
Reconozco este camino. Lo recorrí hace más de diez años, cuando era doctorando y pedaleaba por aquí camino del instituto de astronomía. Una persona que ya llevaba en su interior las semillas de lo que después sería la ansiedad y el pánico, pero que todavía disfrutaba de todo esto sin saberlo. Sin valorarlo.
La ansiedad me arrancó la naturaleza. Los pájaros, los árboles, el bosque, el senderismo, la bicicleta perdida en lugares remotos. Todo ello dejó de formar parte de mi vida el día en que el pánico comenzó el sitio de mi mente. Durante años, salir al campo no era descanso sino otro frente de batalla. El miedo seguía ahí, entre los árboles.
Pero hoy vuelvo. Y lo hago como una versión distinta, más resiliente, que valora infinitamente lo que antes daba por sentado.
Miro a los pájaros sobre las ramas. No tienen hipoteca, ni notificaciones, ni miedo a lo que pensarán de ellos. Como mucho, atención al predador ocasional. El resto es existencia pura, mecánica, sin el peso de las historias que nos contamos a nosotros mismos. Gran parte de la ansiedad vive precisamente ahí, en esas historias. En los miedos construidos sobre asfalto y pantallas.
Si estás pasando por esto, sal. Al bosque, al campo, a la playa, a la montaña. Lo que tengas cerca. Al principio puede que parezca espantoso, y el miedo te acompañe entre los árboles igual que te acompaña en casa. A mí me pasó durante años. Pero cada vez que salgas, estarás dándole a tu sistema nervioso algo que necesita desesperadamente: recordar a qué mundo pertenece realmente.
No desaparecerá en un día. Pero cuanto más lo hagas, antes volverá el gusto.
Y cuando vuelva, será mejor que antes. Te lo prometo.
